See all Ver todos
| 25Oct2016

La semana: 17 a 23 octubre 2016

Por: Alfonso Morales Celis

CHILE. Concluido el recuento del 100 por 100 de los votos emitidos en las recientes elecciones municipales realizadas en todo el país, la dura realidad se ha impuesto. Por encima de las débiles esperanzas del sector oficialista, del manifiesto desinterés de la ciudadanía y, cosa curiosa, muy cerca de los pronósticos de las encuestas, la mayoría del pueblo chileno ha regalado a la clase política sin excepciones una abstención del 65%. La cifra que ahora, a través de discursos dramáticos de los mismos de siempre, despierta las alertas, llegó a ser bastante más altas en las ciudades más pobladas: Santiago, la capital, rozó el 80%. La abstención venía subiendo desde las últimas elecciones. Sin embargo, como ocurre casi sin cambios después de cada justa democrática, a los lamentos de los políticos le sigue el olvido y el cálculo para los próximos eventos, lo que deja en suspenso cualquier iniciativa para solucionar definitivamente el problema.

Esta vez, como la catástrofe ha sido de envergadura, han surgido algunas voces alarmadas por las posibles consecuencias. La mayoría de ellas opta por la vía rápida y fácil. Es decir, que no necesite de mucho ingenio o trabajo, que no es que sobre en el sector. Proponen, entonces, la vuelta al voto obligatorio. Como no ven más allá de sus narices, no se han dado cuenta que la abstención, casi siempre pero esta vez con toda seguridad, es una posición política. Que es la respuesta de un pueblo hastiado e irritado ante tanta injusticia social y un Gobierno y clase política incapaces de dar soluciones a problemas que tienen como consecuencia el descrédito absoluto del Gobierno y los políticos. La gente no ha ido a votar, sencillamente, porque no cree y más bien desconfía de la política.

Visto entonces como está el patio, a lo que deben ponerse, el Gobierno y la clase política, es a trabajar y hacer méritos para los ciudadanos vuelvan a creer que participar tiene un sentido y que los representantes que se eligen están al servicio del Bien Común y no de sus propios intereses y bolsillos. Volver al voto obligatorio es dar un paso atrás en la conquista de libertades individuales. Se podría apostar a que a estas alturas de la situación en Chile, imponer las penas del infierno a quienes ejerzan su derecho a no participar del circo político, no sería la solución. Al revés, puede ese intento aumentar la presión de una caldera a punto de estallar.

De los resultados recientes aún hay poco análisis serio. Primero deberán reponerse del terremoto político. Lo objetivo es que el Gobierno y la coalición que dice sustentarlo (lo dice, pero no lo hace) han sufrido una derrota estrepitosa. Se veía venir. Y la sorpresa de los perdedores es una prueba clara que viven absolutamente fuera de la realidad. Lo peor del caso, es que se viene la campaña presidencial como una tromba y no dejará tiempo para reparar ninguna de las evidentes averías que mantienen al Gobierno en una emergencia permanente y sin capacidad de acción. Se esperan algunas medidas del oficialismo, como un cambio de gabinete, pero la sensación general es que ya es demasiado tarde. La Presidenta se ha dado cuenta del hecho y su rostro agobiado concuerda con un deseo urgente para que el tiempo vuele y termine de una vez con el suplicio.

 

ESPAÑA. Las cosas por sus resultados. Los barones regionalistas y los otros agazapados en las sombras han logrado, con argucias de todo tipo, que el PSOE se abstenga en la próxima sesión de investidura y deje vía libre a Mariano Rajoy para convertirse, por segunda vez, en Presidente del Gobierno del Reino de España. Es decir, un partido que se autoproclama de Izquierda se inclina ante los poderes fácticos para que gobierne la Derecha. Eso no es fácil que lo entiendan los militantes socialistas que se sienten de Izquierda desde siempre y que además han sufrido en sus carnes las consecuencias de los gobiernos de la Derecha. Los que sí han salido a aplaudir el gesto son los representantes del PP, sus sirvientes de Ciudadanos y las fuerzas del orden, que no se cansan de alabar una decisión “sensata y patriótica”. Por cierto, el PP no tuvo esa actitud ante el pacto del PSOE y C’s, y ningún barón, que se sepa, se la reclamó en aras de la unidad de España.

Los argumentos de los que quieren la abstención han inundado los medios de comunicación. Aunque nadie se ocupa de entregar esos argumentos a los militantes del partido esparcidos por toda España. Se supone que deben enterarse a través de los medios. Cada uno de los entrevistados se retira de los estudios de las radios, de los platós de televisión o de las redacciones de los periódicos satisfechos de un discurso ininterrumpido porque no tienen contraparte ni están allí lo que podrían pedir explicaciones más detalladas. Entonces, sus sentencias, como las leyes, se dan por sabidas y de debido cumplimiento.

La que se avecina. Ungido Rajoy comenzará la legislatura. Proyecto de Presupuestos. ¿Qué hará el PSOE ante los recortes que contendrá la iniciativa para satisfacer las demandas de Europa? Podemos, seguramente, será realista y pedirá lo imposible. Es decir, lo que los ciudadanos esperan: fin a los recortes en Salud, que terminen con la falta de personal y de profesionales en los consultorios, fin al copago para los mayores, terminar con las listas de espera. Derogación de La ley Laboral. Una nueva Ley de Educación. Poner en práctica, efectivamente, le Ley de Dependencia, etc. ¿Qué hará el PSOE? ¿Votará con el PP, para cumplir con Europa, para mantener los equilibrios económicos, o se inclinará por restituir los derechos sociales de los ciudadanos? Por otra parte, ¿qué harán los próceres socialistas desde la Gestora o aquellos que mueven los hilos desde las alturas frente a los que mantengan su No a Rajoy? ¿Qué tiene más valor, un acuerdo del Comité Federal o el Programa Electoral ofrecido a toda la ciudadanía y que era una alternativa y no un salvavidas para el PP y sus políticas conservadoras?

El Comité Federal del PSOE acordó este domingo inmolarse para evitar la destrucción de España. Veremos si, cómo aquél, logra el milagro de resucitar algún día.